Debido a las condiciones climáticas extremas en las zonas de gran altitud, la vegetación crece muy lentamente y necesita al menos dos temporadas de crecimiento para garantizar una protección suficiente contra la erosión.
Es posible que se requieran intervenciones a menor escala de forma repetida hasta bien entrado el otoño. La capacidad de establecer vegetación de crecimiento rápido, adecuada al sitio y duradera, con un control de la erosión inmediato y del 100%, es fundamental. Sin embargo, esto solo se puede lograr utilizando componentes vegetales que incluyan pastos y hierbas adaptados al clima. Dicho material no está disponible o solo se encuentra en pequeñas cantidades en sitios naturales.
Este problema se ha abordado durante varios años en el marco de una alianza estratégica. La solución reside en la producción de césped alpino para diversas ubicaciones. Este césped se compone de gramíneas alpinas capaces de sobrevivir en condiciones extremas a altitudes de hasta 2500 metros. Se combinaron ecotipos adecuados en mezclas para suelos ácidos y alcalinos, y se evaluó su idoneidad para la producción de césped alpino acabado. La producción a gran escala lleva dos años en marcha.
Las propiedades y los efectos positivos del césped alpino fueron monitoreados científicamente en varios ensayos. Los efectos positivos de la vegetación adecuada para el sitio, en particular en lo que respecta al control de la erosión a corto y largo plazo, quedaron demostrados de manera contundente.



