Paralelamente a la "muerte masiva de abejas", en los últimos años se ha desarrollado una fuerte conciencia social sobre la importancia de un paisaje florido, sobre el valor especial de los prados y pastos extensos, sobre la protección de nuestros "polinizadores silvestres"; en resumen, sobre la preservación y también la promoción de la biodiversidad vegetal en nuestro paisaje cultural.
La primera y más importante contribución a la preservación de la biodiversidad reside, sin duda, en la protección y el mantenimiento de los pastizales existentes gestionados extensivamente. Sin embargo, para dar el siguiente paso crucial hacia la promoción activa de la diversidad vegetal en nuestros paisajes cultivados, es esencial crear conscientemente áreas valiosas y ricas en especies. Existen muchas maneras de lograrlo, desde el enriquecimiento botánico de los pastizales existentes hasta el establecimiento de nuevas praderas ricas en especies. No es necesario depender principalmente de las tierras agrícolas; cada año se crean numerosos hábitats alternativos potenciales en miles de hectáreas como resultado de intervenciones técnicas. La conversión y el rediseño de espacios verdes municipales, jardines privados e incluso hábitats alternativos creados mediante techos verdes o césped de grava pueden contribuir al enriquecimiento botánico.
En los últimos veinte años, se han puesto en marcha numerosos estudios científicos y prácticos, proyectos y medidas para abordar estas cuestiones, que se presentarán en la Conferencia Gumpenstein sobre Ecologización de 2022.
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